15/5/17

Invita Café con Letras



Manuel Ruano, Pulidor de estrellas                                                                          
                                                                                                                                                   

Café con Letras ha convocado a este primer encuentro de 2017 para que compartamos el recuerdo del escritor argentino Manuel Ruano, poeta y ensayista a quien el viento del destino imprevistamente se ha llevado hace poco más de un mes.  Más precisamente el 12 de abril último.
Se ha ido con el vuelo de la poesía en su total y absoluto esplendor.
Fue a reencontrarse con la famosa y mítica revista literaria "El escarabajo de oro" y la bohemia de sus contertulios: Borges, Olga Orozco, Ernesto Sábato, Raúl González Tuñón, Leopoldo Marechal, Jorge Amado, Martha Lynch, Enrique Molina…
Y más allá aun, con Rilke, con su admirado Quevedo y con tantos otros.
Había nacido el 15 de enero de 1943.

o0o

EL BARCO DE LOS LOCOS

Cada vez que la razón se hunde en la Historia,
provocando el naufragio del siglo,
los locos asoman la cabeza desde la borda de un barco antiguo,
para ver si la lógica todavía hace agua.
Es el momento de plenamar,
cuando el barco hincha sus velas rumbo a la muerte.
A pesar de la niebla medieval y sus visiones.
Cuando vienen las grandes guerras, las plagas, los sepulcros colectivos,
y alguien dice que los hombres han enloquecido,
los locos asoman la cabeza desde la borda,
con sus piojos, sus orines, sus gusanos.
Es el momento de entrar en razones,
de obrar con sentido común en el reino del Buen Dios.
Cuando se habla de nueva medicina y de sus opas de laboratorio,
ya es un mal síntoma de época...
Porque ya los locos no asomarán jamás su cabeza,
ni fornicarán a la luz de la luna en altamar.
Y la inocencia morderá su polvo radioactivo.
Es el momento de una pequeña crisis de conciencia.
Y así las cosas. Cuando la propaganda del sistema
habla de los sueños como de un castigo,
los locos son el juguete del Poder.


De  su libro “Mirada de Brueghel"”. 

17/4/17

Las 10 Estrategias de Manipulación Mediática según Noam Chomsky                                             



1. La estrategia de la distracción.
    El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. “Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

2. Crear problemas y después ofrecer soluciones. 
    Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.


3. La estrategia de la gradualidad. 
    Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4. La estrategia de diferir.  
    Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5. Dirigirse al público como a criaturas de poca edad. 
    La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver “Armas silenciosas para guerras tranquilas”)”.

6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión.  
    Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad.  
    Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad.  
    Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…

9. Reforzar la autoculpabilidad.  
    Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. ¡Y, sin acción, no hay revolución!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen. 
      En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídos y utilizados por las élites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.


Fuente: http://culturacolectiva.com/10-estrategias-de-manipulacion-segun-noam-chomsky/

25/3/17

ADIÓS A DEREK WALCOTT PREMIO NOBEL DE LITERATURA 1992 



Santa Lucía (Antillas Menores) 23 de enero de 1930 – 17 de marzo de 2017


DESENLACE

Yo vivo solo
al borde del agua sin esposa ni hijos.
He girado en torno a muchas posibilidades
para llegar a lo siguiente:

una pequeña casa a la orilla de un agua gris,
con las ventanas siempre abiertas
hacia el mar añejo. No elegimos estas cosas.

Mas somos lo que hemos hecho.
Sufrimos, los años pasan,
dejamos caer el peso pero no nuestra necesidad
de cargar con algo.

El amor es una piedra
que se asentó en el fondo del mar
bajo el agua gris. Ahora, ya no le pido nada a
la poesía sino buenos sentimientos,

ni misericordia, ni fama, ni Curación. Mujer silenciosa,
podemos sentarnos a mirar las aguas grises,
y en una vida inmaculada
por la mediocridad y la basura
vivir al modo de las rocas.
Voy a olvidar la sensibilidad,
olvidaré mi talento. Eso será más grande
y más difícil que lo que pasa por ser la vida.


Con-fabulación No. 449 - Colombia

3/2/17

Premio Literario Casa de las Américas en Poesía 2017            


La 58 edición de los Premios Casa de las Américas terminó con la entrega de los galardones literarios 2017 durante una ceremonia en la Sala Che Guevara de dicho centro cultural.


Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

El jurado de poesía decidió otorgarle el galardón al poemario "Esto es un disco de vinilo donde hay canciones rusas para escuchar en inglés y viceversa", del cubano Reynaldo García Blanco.

Como señala la escritora Marilyn Bobes, "No se trata de un desconocido en el rico panorama lírico de la Isla.  García Blanco tiene cerca de una decena de libros publicados y varios premios nacionales. Es además ensayista y promotor de varios espacios dedicados a la literatura, incluidos dos en la radio de la provincia donde reside: Santiago de Cuba.

Se trata de un autor de expresión bastante directa, poco aficionado a los tropos y que posee un eficaz poder de comunicación con sus auditorios y lectores."

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CARGAR AGUA COMO SI FUERAMOS NORIAS DE CANGILONES

Vivir luego de las colinas tiene su encanto. Está la piedra blanca y está la piedra oscura.
Luego de la primavera llega una solana que muerde y es arpía. Los de hidráulica han
Demorado con sus herramientas y deseos. En cubetas que una vez arribaron de Europa
Con Oíl y otros aceites  benignos nos disponemos a la carga. Somos los bueyes de
Nuestro propio destino. Ya tendrán trabajo los fisiatras. Como si fuéramos norias de
Cangilones vamos por el agua. Agua para beber. Agua para bañarnos. Agua para
Santiguar las palabras y que este texto sea posible.


LOS QUE AYER CANTÁBAMOS YESTERDAY

Los que ayer cantábamos Yesterday
Hoy nos hemos reunido a recordar
El Té Flor de Oro
Las cebollitas búlgaras
Y la solana política con que decíamos adiós al siglo.
Los que ayer cantábamos Yesterday
Estamos asomados al veril
Y una fina protesta cae a nuestros pies
Como si fuera lluvia ácida
Como si fuera un maná desechable y transgénico.
Los que ayer cantábamos Yesterday
Seguimos cantando
Seguimos.


20/1/17

Reino de Poyais, el país donde daban duros a cuatro pesetas                            


Decía el periodista y escritor Ramón Pérez de Ayala que “cuando la estafa es enorme ya toma un nombre decente”. Apelativo que en el caso de la artimaña realizada por el escocés Gregor MacGregor tomó el nombre de Reino de Poyais, un país ficticio que jamás existió y con el cual logró embaucar a banqueros, empresarios y colonos, una estafa con la cual esta persona se hizo millonaria a costa de la codicia y la ilusión de muchos desaprensivos.

Gregor MacGregor
MacGregor fue un militar de cierto prestigio que durante buena parte de su juventud sirvió en el ejército británico donde alcanzó el grado de general. Cerrada su etapa castrense participó como mercenario en varios movimientos de sublevación contra la Corona española, luchando incluso junto a Simón Bolívar. Quizás cansado de los vaivenes en su vida, quizás queriendo iniciar otra etapa, decidió regresar en 1821 al Reino Unido.

Una vez en Londres, el ex militar extendió el rumor de que había sido nombrado “cacique de Poyais”, un territorio situado en Centroamérica, en el espacio que hoy ocupa Honduras, y que según varias expediciones era inmensamente rico en recursos naturales que debían ser explotados. Sin duda la oferta resultaba tentadora para banqueros y empresarios ávidos de invertir en nuevos mercados, pero lo que no imaginaban es que dicho país fuese una invención que solo existía en la mente del tal MacGregor.

El inicio del engaño

 

Para entender el engaño en toda su extensión, hay que tener en cuenta en qué contexto histórico se desarrolla. Tras la derrota de las tropas napoleónicas daba comienzo la edad de oro del Imperio británico. Talleres y fábricas textiles se multiplicaban en los grandes núcleos urbanos y las minas de carbón no daban abasto para cubrir la demanda. La rentabilidad ofrecida por los bonos estaba en mínimos históricos, y los inversores querían diversificar sus carteras. Países como Rusia o Dinamarca se consolidaban como destinos preferentes, pero entre estos se colaron aquellos países que nacieron del colapso del Imperio español. Nuevos países como Méjico o Colombia precisaban de financiación, y ofrecían bonos al 6%, así que a nadie le extrañó que un país como Poyais ofreciera una rentabilidad similar. A pesar de que no había ningún registro cartográfico del país, MacGregor puso en circulación anuncios en prensa hablando de la fundación de dicha nación e imprimió libros que hacían referencia al mismo. El engaño se completó con otras formalidades, como la redacción de una constitución, la atribución de un himno, la creación de una bandera e incluso su propia moneda, el dólar de Poyais. Todo ello estaba además respaldado por el prestigio que ese militar había adquirido en sus campañas, y por una labia con la que conseguía embaucar a todos.



Con ello logró una primera inversión de 200.000 libras de la época, el equivalente a 553 millones de libras en la actualidad. El botín hubiese sido suficiente para muchos, pero MacGregor prosiguió con su engaño en vista de la rentabilidad del negocio. No contento con la cantidad defraudada, viajó a su Escocia natal en busca de colonos con los que poblar el imaginario país. No sólo logró nuevas inversiones, sino que hasta 250 personas se ofrecieron a viajar a dicho país con ánimo de fundar puertos comerciales y explotar las supuestas minas de oro y plata, algo por lo que, obviamente, tuvieron que remunerar al autodenominado cacique, y fueron obligados a pagar un peaje y cambiar todos sus ahorros por dólares de Poyais antes de embarcar.


El buque acabó partiendo de Escocia con los colonos y llegó al autodenominado territorio de Poyais en algún momento indeterminado entre 1822 y 1823. Y el desembarco no pudo ser más descorazonador. Uno de los buques encalló, provocando la muerte de parte de los nuevos colonos. Los que sobrevivieron desembarcaron en la costa de los Mosquitos, un cenagal con una vegetación espesísima y donde ni había recursos que explotar ni tierras aptas para el cultivo. Se toparon además con la hostilidad de los nativos que no estaban dispuestos a comerciar ni cederles alimentos. En ese ambiente la malaria y otras enfermedades tropicales no tardaron en aparecer, y hasta dos tercios de los nuevos colonos perecieron en esta aventura. Los rumores acabaron por llegar a Londres, y se tomó la decisión de enviar a la marina para rescatar a los pocos supervivientes que quedaban.

Huida a París

 

Tras esta estafa, para evitar represalias y escapar de la justicia, MacGregor huyó a París. No contento con la cantidad de dinero que había estafado hasta el momento, intento repetir el engaño repitiendo el mismo sistema, intentando colocar bonos en el mercado francés y buscando colonos que debían de pagarle un peaje para establecerse en su imaginario país. Quizás porque las autoridades galas fueron más diligentes en el control, quizás porque ya habían sido advertidas de la treta, esta vez MacGregor no pudo repetir el engaño en toda su magnitud. Acabó por huir de nuevo a Londres para escapar de la justicia francesa, pero una vez en territorio británico fue detenido y enviado a Edimburgo.

Sus conexiones le valieron para escapar de la acción de la justicia, y mientras sus colaboradores más íntimos fueron condenados a penas de prisión, a él se le atribuyó solamente un delito de “falsas promesas”. Por increíble que parezca, logró de nuevo financiación (y además, del mismo banco que le había prestado dinero en los engaños anteriores) con las que organizó ventas a gran escala de tierras de su país a otros incautos, y para poder continuar con el engaño cambió el nombre de éste por el de ‘Territorio de Mosquitia‘. Operó así hasta 1837, fecha en que ya no lograba engañar a nadie, y terminó por trasladarse a Venezuela. En dicho país fue recibido con honores por sus antiguos compañeros de armas, siendo premiado con los salarios acumulados desde su partida en 1820 y llegó a obtener la nacionalidad venezolana. Pasó sus últimos años dedicados a la cría de gusanos de seda, y acabó falleciendo en 1845 en Caracas, no sin antes dejar su propia biografía para la posteridad.


Colaboración de Antonio Capilla Vega de El Ibérico

Fuente: http://historiasdelahistoria.com/2017/01/12/reino-de-poyais-el-pais-donde-daban-duros-a-cuatro-pesetas

31/12/16

FINAL DE AÑO
por Jorge Luis Borges
                                                                                                                                        


Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del tiempo;
es el asombro ante el milagro
que a despecho de infinitos azares,
que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito
perdure algo en nosotros:
inmóvil, algo que no encontró lo que buscaba.


Unn LIBRE N° 322 - Caracas (Venezuela)
www.unionlibre.rakumin.org/

23/12/16

CUENTO DE NAVIDAD

RAY BRADBURY


                                                                                                        

El día siguiente sería Navidad y, mientras los tres se dirigían a la estación de naves espaciales, el padre y la madre estaban preocupados. Era el primer vuelo que el niño realizaría por el espacio, su primer viaje en cohete, y deseaban que fuera lo más agradable posible. Cuando en la aduana los obligaron a dejar el regalo porque excedía el peso máximo por pocas onzas, al igual que el arbolito con sus hermosas velas blancas, sintieron que les quitaban algo muy importante para celebrar esa fiesta. El niño esperaba a sus padres en la terminal. Cuando estos llegaron, murmuraban algo contra los oficiales interplanetarios.
-¿Qué haremos?
-Nada, ¿qué podemos hacer?
-¡Al niño le hacía tanta ilusión el árbol!
La sirena aulló, y los pasajeros fueron hacia el cohete de Marte. La madre y el padre fueron los últimos en entrar. El niño iba entre ellos, pálido y silencioso.
-Ya se me ocurrirá algo -dijo el padre.
-¿Qué…? -preguntó el niño.
El cohete despegó y se lanzó hacia arriba al espacio oscuro. Lanzó una estela de fuego y dejó atrás la Tierra, un 24 de diciembre de 2052, para dirigirse a un lugar donde no había tiempo, donde no había meses, ni años, ni horas. Los pasajeros durmieron durante el resto del primer “día”. Cerca de medianoche, hora terráquea según sus relojes neoyorquinos, el niño despertó y dijo:
-Quiero mirar por el ojo de buey.
-Todavía no -dijo el padre-. Más tarde.
-Quiero ver dónde estamos y a dónde vamos.
-Espera un poco -dijo el padre.
El padre había estado despierto, volviéndose a un lado y a otro, pensando en la fiesta de Navidad, en los regalos y en el árbol con sus velas blancas que había tenido que dejar en la aduana. Al fin creyó haber encontrado una idea que, si daba resultado, haría que el viaje fuera feliz y maravilloso.
-Hijo mío -dijo-, dentro de media hora será Navidad.
-Oh -dijo la madre, consternada; había esperado que de algún modo el niño lo olvidaría. El rostro del pequeño se iluminó; le temblaron los labios.
-Sí, ya lo sé. ¿Tendré un regalo? ¿Tendré un árbol? Me lo prometieron.
-Sí, sí. todo eso y mucho más -dijo el padre.
-Pero… -empezó a decir la madre.
-Sí -dijo el padre-. Sí, de veras. Todo eso y más, mucho más. Perdón, un momento. Vuelvo pronto.
Los dejó solos unos veinte minutos. Cuando regresó, sonreía.
-Ya es casi la hora.
-¿Me prestas tu reloj? -preguntó el niño.
El padre le prestó su reloj. El niño lo sostuvo entre los dedos mientras el resto de la hora se extinguía en el fuego, el silencio y el imperceptible movimiento del cohete.
-¡Navidad! ¡Ya es Navidad! ¿Dónde está mi regalo?
-Ven, vamos a verlo -dijo el padre, y tomó al niño de la mano.
Salieron de la cabina, cruzaron el pasillo y subieron por una rampa. La madre los seguía.
-No entiendo.
-Ya lo entenderás -dijo el padre-. Hemos llegado.
Se detuvieron frente a una puerta cerrada que daba a una cabina. El padre llamó tres veces y luego dos, empleando un código. La puerta se abrió, llegó luz desde la cabina, y se oyó un murmullo de voces.
-Entra, hijo.
-Está oscuro.
-No tengas miedo, te llevaré de la mano. Entra, mamá.
Entraron en el cuarto y la puerta se cerró; el cuarto realmente estaba muy oscuro. Ante ellos se abría un inmenso ojo de vidrio, el ojo de buey, una ventana de metro y medio de alto por dos de ancho, por la cual podían ver el espacio. El niño se quedó sin aliento, maravillado. Detrás, el padre y la madre contemplaron el espectáculo, y entonces, en la oscuridad del cuarto, varias personas se pusieron a cantar.
-Feliz Navidad, hijo -dijo el padre.
Resonaron los viejos y familiares villancicos; el niño avanzó lentamente y aplastó la nariz contra el frío vidrio del ojo de buey. Y allí se quedó largo rato, simplemente mirando el espacio, la noche profunda y el resplandor, el resplandor de cien mil millones de maravillosas velas blancas.
 
Con-fabulación No. 438 - Colombia

25/11/16

FIDEL
                                                                                                                   

                                
Por Eduardo Galeano

Tomado del libro "Espejos. Una historia casi universal" (2008)



Sus enemigos dicen que fue rey sin corona y que confundía la unidad con la unanimidad.

Y en eso sus enemigos tienen razón.

Sus enemigos dicen que si Napoleón hubiera tenido un diario como el «Granma», ningún francés se habría enterado del desastre de Waterloo.

Y en eso sus enemigos tienen razón.

Sus enemigos dicen que ejerció el poder hablando mucho y escuchando poco, porque estaba más acostumbrado a los ecos que a las voces.

Y en eso sus enemigos tienen razón.

Pero sus enemigos no dicen que no fue por posar para la Historia que puso el pecho a las balas cuando vino la invasión, que enfrentó a los huracanes de igual a igual, de huracán a huracán, que sobrevivió a seiscientos treinta y siete atentados, que su contagiosa energía fue decisiva para convertir una colonia en patria y que no fue por hechizo de Mandinga ni por milagro de Dios que esa nueva patria pudo sobrevivir a diez presidentes de los Estados Unidos, que tenían puesta la servilleta para almorzarla con cuchillo y tenedor.

Y sus enemigos no dicen que Cuba es un raro país que no compite en la Copa Mundial del Felpudo.

Y no dicen que esta revolución, crecida en el castigo, es lo que pudo ser y no lo que quiso ser. Ni dicen que en gran medida el muro entre el deseo y la realidad fue haciéndose más alto y más ancho gracias al bloqueo imperial, que ahogó el desarrollo de una democracia a la cubana, obligó a la militarización de la sociedad y otorgó a la burocracia, que para cada solución tiene un problema, las coartadas que necesita para justificarse y perpetuarse.

Y no dicen que a pesar de todos los pesares, a pesar de las agresiones de afuera y de las arbitrariedades de adentro, esta isla sufrida pero porfiadamente alegre ha generado la sociedad latinoamericana menos injusta.

Y sus enemigos no dicen que esa hazaña fue obra del sacrificio de su pueblo, pero también fue obra de la tozuda voluntad y el anticuado sentido del honor de este caballero que siempre se batió por los perdedores, como aquel famoso colega suyo de los campos de Castilla.


24/11/16


CHARLES BUKOSKY


                                                                                                                                                       
                                                                                                                                         
AVISO AMISTOSO A UN MONTÓN DE JOVENCITOS*

Ve al Tibet
cabalga un camello
lee la Biblia
tiñe tus zapatos de azul
deja crecer tu barba
da la vuelta al mundo en una canoa de papel
suscríbete al “The Saturday Evening Post”
mastica solamente con el lado izquierdo de tu boca
cásate con una mujer de una sola pierna
aféitala con una buena máquina
tatúa tu nombre en su brazo
cepilla tus dientes con gasolina
duerme todo el día y trepa árboles de noche
sé un monje y bebe perdigones y cervezas
sujeta tu cabeza bajo el agua y toca el violín
haz la danza del vientre ante velas rosadas
mata a tu perro
postúlate a alcalde
vive en un barril
siembra tulipanes en la lluvia

pero no escribas poesía


SOLO, CON TODOS*

La carne cubre el hueso
y ponen una mente
adentro
a veces un alma
y las mujeres rompen
jarrones contra las paredes
y los hombres beben
mucho
y nadie encuentra
al otro
pero se escudan
buscando
arrastrándose de cama en cama
la carne cubre
el hueso y la
carne busca
algo más que carne

No hay ninguna posibilidad
estamos todos entrampados
en un destino
singular

nadie encuentra
al otro
Los tristes barrios llenos
los basureros llenos
los manicomios llenos
los hospitales llenos
los cementerios llenos

nada más
se llena


LA TRAGEDIA DE LAS HOJAS*

Me desperté en medio de la resaca
y los helechos estaban muertos
las plantas amarillas como maíz en sus potes
mi mujer se había ido
y las botellas vacías como cadáveres desangrados
me rodeaban con su inutilidad:
sin embargo seguía brillando el sol
y la nota de mi casera estaba arrugada en una
amarillez agradable e inofensiva;
ahora lo que necesitábamos
era un buen comediante, al viejo estilo,
un bufón con bromas sobre el dolor absurdo;
el dolor es absurdo porque existe y nada más;
me afeité cuidadosamente con una máquina vieja,
el hombre que una vez fue joven y se decía
que era un genio; pero
esa es la tragedia de las hojas,
de los helechos muertos, de las plantas muertas;
me dirigí a la oscura sala
donde estaba la casera
terminante y cargada de maldiciones
mandándome al infierno
agitando sus brazos gordos y sudorosos,
gritando
pidiendo a gritos el alquiler
porque el mundo nos había fallado a los dos

*Poemas vertidos al español por el poeta Benito Mieses

Con-fabulación No. 438 - Colombia